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6.12.2015.

Nuestra Cataluña


Por: Pepita Taboada Jaén

No acabo de comprender la actitud de Cataluña de querer separarse del resto de las autonomías que forman la gran nación que es España, pretendiendo adquirir el rango de nación. Pueden existir diferencias, lo mismo que las hay en otras regiones, y no por ello hay que desvincularse totalmente, desoyendo, por otra parte, las razones graves que existen para no poder acceder a tal petición.

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No acabo de comprender la actitud de Cataluña de querer separarse del resto de las autonomías que forman la gran nación que es España, pretendiendo adquirir el rango de nación. Pueden existir diferencias, lo mismo que las hay en otras regiones, y no por ello hay que desvincularse totalmente, desoyendo, por otra parte,  las razones graves que existen  para no poder acceder a  tal petición. 

Yo considero a España como una gran familia formada por diversas comunidades, con sus costumbres, lengua, cultura diferentes, como son diferentes cada uno de los hijos de una familia, y aunque después cada uno de ellos se quiera independizar, no por eso pierden el contacto y  reniegan de su familia. Estoy segura que muchos catalanes no desean esa ruptura, como tampoco la desean andaluces, gallegos, asturianos, extremeños, etc. Parece que a algunos o muchos políticos hablar de la Madre Patria les produce urticaria. Ha sido ejemplar la reacción de Francia cantando su himno nacional, tanto el pueblo como sus gobernantes, en un momento de peligro.

Nuestra Cataluña ha insistido repetidas veces en el diálogo como medio para conseguir su independencia o secesión. 

El Papa Francisco, en un discurso pronunciado en Paraguay, alude magistralmente a este tema diciendo que: “Efectivamente el diálogo no es fácil. Son muchas las dificultades que hay que superar y, a veces, parece que nosotros nos empeñamos en hacer las cosas más difíciles todavía. Para que haya diálogo es necesaria una base fundamental. El diálogo presupone, nos exige la cultura del encuentro. Un encuentro que sabe reconocer que la diversidad no solo es buena: es necesaria. Por lo que el punto de partida no puede ser que el otro está equivocado…

Yo voy con lo mío y voy a escuchar qué  dice el otro, en qué me  enriquece el otro…si vamos con la presunción de que el otro está equivocado, mejor irse a casa y no intentar un diálogo… El bien común se busca desde nuestras diferencias dándole posibilidad siempre a nuevas alternativas. Es decir, busca algo nuevo”. 

Insiste el Papa en que: “Dialogar no es negociar, negociar es procurar sacar la  propia tajada. Si vas con esa intención no pierdas el tiempo. Dialogar es discutir juntos, pensar una mejor solución para todos. Muchas veces esa cultura del encuentro se ve envuelta en el conflicto… Pero la “unidad es superior al conflicto” (Evangelii gaudium 228)…Si alguien considera que hay personas, culturas, situaciones de segunda, de tercera o de cuarta, algo seguro saldrá mal, porque simplemente carece de lo mínimo, que es el reconocimiento de la dignidad del otro…Las verdaderas culturas no están cerradas en sí mismas, sino que están llamadas a encontrarse con otras culturas… Cuando estudiamos Historia, encontramos culturas milenarias que ya no están más. Han muerto. Por muchas razones. Pero una de ellas es haberse cerrado en  sí mismas”. 

Esto en cuanto al diálogo. Pero en este caso, además, está la Constitución, que todas las autonomías aceptaron y que es el marco jurídico donde se desenvuelven los españoles, y por tanto Cataluña. La  Ley no siempre está a gusto de todos, pero es la Ley, y cualquier situación que se presente no  puede romper su cumplimiento. Cambiarla o modificarla necesitaría un gran consenso.

Los que quieren gobernar, y de hecho gobiernan, en Cataluña tienen una ideología  dictatorial, y ya sabemos por la historia que ésta termina mal. Aquello de “todo por el pueblo” pero “nada con el pueblo” es un chantaje, y a éste “si un pueblo quiere mantener su identidad tiene que desterrarlo”. (Papa Francisco”)

Nada me gustaría más que Cataluña continuara siendo nuestra, porque la queremos y la admiramos. Y que los catalanes, todos ellos, comprendieran que desvinculados de todas nuestras autonomías se sentirán como el hijo pródigo, que no fue feliz al separarse de su padre.


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