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26.2.2016.

Mandamientos y dignidad humana


Por: Carlota Sedeño

En febrero de 2000, Juan Pablo II visitó el monte Sinaí, en Egipto. Allí se levanta el monasterio de Santa Catalina, a los pies de la gran mole de piedra y arena, es un oasis en medio de un impresionante desierto. Se construyó para conmemorar uno de los momentos trascendentales de la historia bíblica: el contacto directo entre Dios y Moisés, la promulgación de los Diez Mandamientos.

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En febrero de 2000, Juan Pablo II visitó el monte Sinaí, en Egipto. Allí se levanta el monasterio de Santa Catalina, a los pies de la gran mole de piedra y arena, es un oasis en medio de un impresionante desierto. Se construyó para conmemorar uno de los momentos trascendentales de la historia bíblica: el contacto directo entre Dios y Moisés, la promulgación de los Diez mandamientos.

Juan Pablo II dijo lo siguiente: “Hoy, como siempre, los Mandamientos ofrecen las auténticas bases para la vida de los individuos, las sociedades y las naciones. Ellos salvan al hombre de las fuerzas destructoras del egoísmo, el odio y la falsedad. Ellos eliminan todos  los falsos dioses que conducen al hombre a la esclavitud: el amor a sí mismo, la codicia por el poder y el placer que altera el orden de la justicia y degrada la dignidad humana.”

Creo que no es exagerado decir que hoy se violan todos los Mandamientos de la Ley de Dios, uno a uno, de una forma casi sistemática,  y lo que todavía agrava más la situación es que, frecuentemente, se exhibe esta violación como si fuese un “valor” conseguido por el ser humano actual, que se ha “liberado.”  

Todos lamentamos, lógicamente, y nos impresiona la sangre de los heridos y de los muertos que se producen diariamente en el mundo por distintas causas. ¿Nos impresiona, igualmente, la imagen y la noticia de tantos niños y jóvenes corrompidos en su inocencia por parte de esta sociedad en la que vivimos? Veamos un ejemplo. Qué fácil resulta hablar de televisión-basura pero ¿cómo se combate? ¿Viéndola para después hablar de ella? ¿Es esa una actitud coherente?

Se constata un claro aborregamiento debido a la carencia de valores y convicciones. Cuando no existen referencias en la propia vida se introduce uno en el grupo y se actúa gregariamente. Para el que quiere llegar a su lugar de destino, no le parece mal cumplir las normas de tráfico, no se plantea si le apetecen o no en ese momento, tiene una meta y ha de poner los medios para alcanzarla.

El Decálogo, los Diez Mandamientos, que le ofrece Dios a su pueblo a través de Moisés, son esas señales de conducta necesarias para conseguir la felicidad. Responde a lo que está inscrito en el ser humano desde la ley natural y esto no ha cambiado por mucho que se empeñen algunos. Los Mandamientos son diez recetas para la felicidad, para el bienestar humano, es algo experimentado a través de la historia, de esta forma sí que se cuida la dignidad humana.

Un ejemplo de algo que se da en nuestra sociedad. Las numerosas patologías sexuales que se producen demuestran la falacia de la proposición de Freud para el que una liberación de las relaciones sexuales conduciría a una mayor salud mental. Se puede afirmar que medir el deseo sexual por su mera satisfacción, no solo es inhumano sino verdaderamente patógeno, lo que el ser humano busca es algo más que satisfacer un deseo.

Otro ejemplo. La mentira, bajo diversas apariencias, campea en el mundo. Y no puede olvidarse que también es mentir el silencio frente al mal, a la corrupción, a la injusticia y a la inmoralidad. La práctica del rumor, de la habladuría, de la frivolidad, arrojando lodo y tinieblas sobre la fama de alguien es mentir. Estas y otras formas de mentir corroen la convivencia creando un mundo donde la falsedad es moneda de cambio.

Es de gran interés saber lo que dijo el papa Francisco en junio de 2013, en Milán, refiriéndose a los diez Mandamientos: “¡No son limitaciones sino indicaciones para la libertad! Ellos nos enseñan a evitar la esclavitud a la que nos reducen los muchos ídolos que construimos nosotros mismos, lo hemos experimentado muchas veces en la historia y lo experimentamos, también, hoy”.  Dijo, igualmente: “Los diez Mandamientos nos enseñan a vivir el respeto a las personas, venciendo la codicia de poder, de posesión, de dinero; a ser honestos y sinceros en nuestras relaciones, a cuidar toda la Creación, a fomentar ideales altos, nobles, espirituales.”

El decálogo divino responde a un orden entre los seres humanos y un orden con Dios.  Darle la espalda a uno de estos aspectos es fracasar. Los Mandamientos de la Ley de Dios son verdad, vida y plenitud.


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