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11.5.2016.

Europa en el discurso del Papa con motivo del premio Carlomagno


Por: Francisco Rodríguez Barragán

No deja de ser curioso que una Europa cada vez más problemática y descristianizada ofrezca el premio Carlomagno al Papa Francisco. He leído y releído el discurso del Papa y se me ocurren algunas observaciones, dentro del mayor respeto.

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No deja de ser curioso que una Europa cada vez más problemática y descristianizada ofrezca el premio Carlomagno al Papa Francisco. He leído y releído el discurso del Papa y se me ocurren algunas observaciones, dentro del mayor respeto.

Habla el Papa de la creatividad, el ingenio y la capacidad de levantarse que forman parte del alma de Europa y después de tantos enfrentamientos y crueles guerras ha sido una novedad el acuerdo de los pocos países que buscaron resurgir de las cenizas y buscar acuerdo para el bien común.

Señala también el Papa que esta Europa cada vez más amplia parece sentir menos suyos los muros de la casa común, seguramente por haberse apartado del proyecto de los padres fundadores, somos más países pero no está nada claro que busquen el bien común sino los propios intereses. Dice el Papa que está convencido de que la resignación y el cansancio no pertenecen al alma de Europa.

A continuación, recuerda Francisco de que en el Parlamento Europeo dijo que crecía la impresión generalizada de encontrarnos con una Europa cansada y envejecida, incapaz de generar nuevos dinamismos en la sociedad, lo cual comparto.

Trata el Papa de levantar la moral de Europa recordando a los padres fundadores, mensajeros de esperanza, que invitaron a todos a un trabajo constructivo de paciente y amplia cooperación y trata de conseguir una transfusión de memoria, capaz de actualizar la idea de Europa con capacidad de integrar en ella a las gentes que ahora la poblamos.

Tengo mis dudas de que sea posible, aquí y ahora, conseguir una identidad europea dinámica y multicultural. Desde luego el camino que hemos emprendido me parece absolutamente equivocado. Para integrar a gentes de otras religiones no se nos ha ocurrido mayor disparate que abandonar nuestras raíces cristianas. Esto no lo dice el Papa, lo digo humildemente yo.

La capacidad de diálogo que evoca el Papa como constitutivo del alma europea no me convence. De hecho el mundo musulmán me parece impermeable a nuestras ideas. El mundo romano y el mundo bizantino pueden entenderse pero el mundo musulmán me parece difícil, aunque haya llegado un musulmán a alcalde de Londres. Nada me alegraría más que tener que cambiar de opinión sobre esto.

Otra capacidad que invoca Francisco es la de generar que se produce cuando todos resultan implicados en una tarea común, especialmente  la juventud. Dice el Papa que ha reflexionado sobre ello preguntándose la forma en que podemos hacer partícipes a los jóvenes “cuando les privamos del trabajo”, de empleo digno que les permita desarrollarse. Se pregunta también sobre la dificultad de reconocerles protagonistas cuando los índices de desempleo y subempleo de millones de jóvenes van en aumento.

Dice que esto requiere la búsqueda de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos. Pasar de una economía líquida, que tiende a favorecer la corrupción como medio de obtener beneficios a una economía social que invierta en las personas, pero desgraciadamente no dice cómo hacerlo.

Termina su discurso soñando con una Europa joven, soñando que se hace cargo del niño y que socorre el pobre que viene buscando acogida, soñando con que los jóvenes pueden casarse y formar una familia…

Creo que es fácil compartir el sueño de Francisco, pero ¿cómo hacer realidad estos sueños?

 


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