El Partido Popular de Alfonso Fernández Mañueco ha vuelto a imponerse en las elecciones autonómicas de Castilla y León, revalidando su posición al frente de la Junta con una ventaja ajustada sobre el PSOE. Con el 50% del voto escrutado, los populares suman 33 escaños —dos más que en 2022— y un 35,6% de los sufragios, mientras que los socialistas de Carlos Martínez alcanzan 30 representantes y rozan el 31% del apoyo, remontando la tendencia descendente que arrastraban en otras autonomías.
El resultado refuerza el liderazgo de Mañueco, que celebró la victoria reivindicando “una Castilla y León libre del sanchismo” y descartando cualquier entendimiento con el PSOE: “Con el sanchismo es imposible ningún acuerdo de gobernabilidad”.
Vox pierde impulso y se complica la negociación
La sorpresa de la noche llegó por la derecha. Vox, que aspiraba a rozar los 20 escaños según los últimos sondeos, se queda finalmente con 14, apenas uno más que en 2022. El frenazo del partido liderado por Carlos Pollán coloca al PP en una posición más ventajosa para negociar la reedición del pacto de gobierno, pero sin alternativa viable si no cuenta con los votos de los de Abascal.
El PSOE remonta y la izquierda naufraga
Pese a no alcanzar la victoria, el PSOE logra revertir su dinámica a la baja y se consolida como la segunda fuerza con un crecimiento de dos escaños. Sin embargo, la otra mitad del espacio progresista se desmorona: Podemos e Izquierda Unida–Sumar desaparecen del Parlamento al no alcanzar el umbral mínimo de votos. La ausencia de socios a la izquierda deja a los socialistas en una oposición solitaria y sin margen de alianzas.
Los partidos provinciales mantienen su peso
En el terreno provincial, los equilibrios apenas cambian. Unión del Pueblo Leonés conserva sus tres escaños, mientras que Soria Ya y Por Ávila mantienen uno cada uno. Ninguna de estas formaciones resulta decisiva para la gobernabilidad regional.
Con estos resultados, Castilla y León confirma la tendencia de fragmentación política observada en otras comunidades, pero con una lectura distinta: el PP se afianza como primera fuerza, el PSOE recupera aliento y Vox constata su frenazo. El tablero político castellano y leonés vuelve, así, a quedar en manos de las negociaciones entre populares y los de Abascal.
