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La derecha se dispara y la izquierda se desploma en Aragón según las últimas encuestas

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Las encuestas publicadas en la recta final de la campaña aragonesa dibujan un panorama muy favorable para los partidos de derechas y especialmente duro para las formaciones de izquierdas, algunas de las cuales incluso podrían quedarse fuera de las Cortes. Los sondeos coinciden en situar al PP como claro vencedor de las elecciones del próximo domingo, con un escenario en el que Jorge Azcón solo podría gobernar con el apoyo imprescindible de Vox, mientras el PSOE se hunde y el resto del espacio progresista retrocede o directamente desaparece del Parlamento autonómico.

PP y Vox, mayoría holgada; el PSOE, en mínimos históricos

Los estudios demoscópicos de las principales empresas de sondeo otorgan al Partido Popular una horquilla de 28 a 30 escaños, lo que le garantizaría una victoria amplia pero insuficiente para gobernar en solitario. Para alcanzar la mayoría absoluta —fijada en 34 diputados— necesitaría sumar con Vox, que sería el otro gran ganador de la noche: pasaría de sus actuales 7 escaños a 12-14, consolidándose como tercera fuerza y socio necesario para la investidura.

El crecimiento de Vox, apuntan las encuestas, no se produce a costa del PP, que incluso mejoraría ligeramente sus resultados anteriores, sino del PSOE, que sufriría una fuerte caída. Los socialistas, que partían de 23 diputados, se moverían ahora entre 17 y 19, situándose en el entorno de su peor registro histórico en Aragón y muy lejos de disputar la primera posición.

La izquierda se fragmenta y se encoge: Podemos y PAR se quedarían fuera

El retroceso no se limita al PSOE. El resto de fuerzas a la izquierda del espectro político también aparece muy debilitado en las proyecciones. Izquierda Unida–Sumar apenas lograría mantenerse o incluso perder uno de sus dos escaños actuales, mientras que Podemos correría el riesgo de quedarse sin representación, desapareciendo del hemiciclo aragonés.

La debacle afectaría también al histórico Partido Aragonés (PAR), que según los sondeos perdería los pocos asientos que aún conservaba, quedando fuera de las Cortes tras décadas de presencia continuada. En este contexto, Chunta Aragonesista (CHA) sería la única formación del bloque progresista que mejoraría: subiría de sus 3 diputados actuales a una horquilla de 4 a 6, aunque ese avance no alcanzaría para compensar el desplome general del espacio de izquierdas.

Por su parte, Aragón Existe vería reducirse su peso parlamentario, pasando de 3 a 2 escaños según los pronósticos, lo que limitaría también su capacidad de influencia en las futuras negociaciones.

Un PSOE sin opciones de alternativa y un “consuelo” insuficiente

En el entorno socialista se aferran a la posibilidad de que a PP y Vox les cueste articular un acuerdo de gobierno estable o sacar adelante los Presupuestos, precisamente el motivo que llevó a Jorge Azcón a adelantar las elecciones. Sin embargo, puertas adentro, ese “consuelo” se percibe como claramente insuficiente ante la magnitud del retroceso que señalan las encuestas.

El PSOE aragonés seguiría así la estela de lo ocurrido recientemente en comunidades como Extremadura, con un desplome que llega pese a la apuesta personal de Pedro Sánchez por la exministra Pilar Alegría como cabeza de cartel y figura clave para relanzar al partido en la región. Lejos de remontar, los sondeos apuntan a que Alegría ni siquiera lograría aguantar el nivel de apoyo heredado, y terminaría al frente de un grupo parlamentario claramente menguado.

El dato que mejor resume la situación es que, incluso sumando sus mejores previsiones, toda la izquierda aragonesa unida (PSOE, IU–Sumar y Podemos) apenas alcanzaría 21 escaños, una cifra muy por debajo del peor resultado estimado para el PP en solitario, que no bajaría de los 27 diputados según las proyecciones.

El desafío del PP: repetir el “puzzle” de Extremadura con un Vox reforzado

La noche electoral podría dejar al PP frente a un escenario ya conocido: la necesidad de pactar con un Vox al alza y con capacidad para tensar la negociación. Como ya ocurrió en Extremadura, Jorge Azcón tendría que gestionar la presión de un socio que llega reforzado y dispuesto a “hacer valer” su crecimiento en forma de condiciones programáticas y cuotas de poder institucional.

Vox acude a esta cita con una agenda propia muy marcada, especialmente en materia migratoria, social y de política territorial. Entre sus exigencias potenciales figuran recortes drásticos en los programas de acogida de menores extranjeros no acompañados (MENA), la eliminación o redirección de partidas ligadas a la Agenda 2030, fondos de “perspectiva de género” o estrategias de lucha contra el cambio climático hacia otras áreas como la sanidad rural.

Asimismo, la formación de Santiago Abascal podría pedir vetos a determinadas líneas de cooperación internacional —por ejemplo, ayudas a organizaciones vinculadas a Palestina— y poner sobre la mesa reivindicaciones en materia de infraestructuras, como la financiación autonómica de las autovías A-25 y A-40 en Teruel o la ejecución inmediata de la circunvalación sur de Huesca para potenciar la plataforma logística PLHUS.

Vox aspira a entrar en el Gobierno de Aragón

Más allá de los Presupuestos o de medidas concretas, una de las cartas que Vox podría jugar tras el recuento sería la de exigir su entrada directa en el Gobierno autonómico. La formación ha reiterado que no dará “cheques en blanco” y que, si los números confirman su papel de tercera fuerza decisiva, reclamará algo más que acuerdos puntuales: querría controlar consejerías clave, como Bienestar Social o Hacienda, para asegurarse de que las prioridades políticas y presupuestarias reflejan su programa.

Para el PP, el reto consistirá en equilibrar la necesidad de sumar con Vox sin diluir su propio perfil y tratando de evitar un escenario de bloqueo que retrase la formación de gobierno o la aprobación de las primeras cuentas de la legislatura.

A pocos días de que los aragoneses acudan a las urnas, las encuestas dibujan así un giro claro hacia la derecha, un hundimiento del bloque progresista y un futuro inmediato marcado por complejas negociaciones entre un PP ganador pero sin mayoría absoluta y un Vox que llega decidido a condicionar, y posiblemente compartir, el poder en Aragón.

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